El Museo del Papel de Pescia, del cual Gambini es “Impresa Amica”, es un lugar que mantiene viva la tradición del papel hecho a mano. El Presidente, Paolo Carrara, nos cuenta en esta entrevista el compromiso del Museo por preservar un saber que sigue inspirando a quienes, como nosotros en Gambini, trabajan cada día para innovar en el mundo del tissue.
Nuestro proyecto Beyond business, dedicado a quienes han elegido nuestras tecnologías, abre las puertas a un diálogo de mayor alcance, con quienes actúan como vínculo entre todas las empresas del sector y su territorio.

¿Cuál es la misión del “Museo della carta” de Pescia?
Hoy el Museo del Papel de Pescia, ubicado en la papelera del siglo XVIII Le Carte de Pietrabuona, está comprometido en preservar el patrimonio del sector papelero y su historia pluri centenaria. Tanto el tangible, desde las herramientas de trabajo hasta los archivos, como el intangible, desde el saber técnico hasta el gestual, que corrían el riesgo de perderse. Hoy ha vuelto a cobrar vida también gracias a la empresa Magnani Pescia, que ha retomado la creación de papel hecho a mano con filigrana bajo la antigua marca Enrico Magnani Pescia.
En el pasado, la papelera no era solo un lugar de trabajo: era una auténtica comunidad, habitada por familias enteras que compartían cada aspecto de la vida. Aquí, en la antigua fábrica Le Carte, propiedad de los Magnani, llegaron a convivir hasta ochenta personas, para las cuales no existía separación entre la dimensión privada y la laboral: la empresa se convertía en sociedad, cultura e identidad.
¿Qué actividades llevan a cabo para transmitir este saber?
Paralelamente a la restauración de la papelera Le Carte con fines museísticos, hemos involucrado a los maestros papeleros, los filigranistas y las costureras del Valle de Pescia. Su conocimiento se transmitía en el campo y durante mucho tiempo fueron reacios a compartirlo. Vivieron con dolor la llegada de máquinas y herramientas tecnológicas, que hicieron que su saber quedara obsoleto, en términos industriales y productivos, casi de la noche a la mañana. Durante nueve años hemos llevado a cabo, gracias a su disponibilidad, un proceso de transmisión intergeneracional de competencias vinculadas al antiguo arte del papel hecho a mano.
El último verdadero maestro papelero de Pescia fue Angelo Vezzani, hijo del “ministro de la papelera”, es decir, la figura central que supervisaba cada fase de la producción. Angiolino, como todos lo llamaban, incluso masticaba el papel para reconocer sus fibras; o lo lamía y, poniéndolo después a contraluz, evaluaba su encolado.
¿En qué consiste el archivo histórico del Museo?
El Museo emprendió hace años otro trabajo valioso: la recuperación del archivo histórico de las antiguas papeleras Magnani de Pescia. Un archivo extraordinario de más de tres siglos y medio de producción, organizado de manera minuciosa gracias a una cultura empresarial consciente y visionaria: una documentación de más de 700 metros lineales que representa una fuente inagotable de información.
¿Qué colecciones conserva el Museo?
El Museo custodia más de 7.000 piezas inventariadas (moldes de papel, punzones, telas para papel filigranado, ceras de filigrana y sellos) y una “sala de muestras” con más de 5.000 filigranas distintas. Incluye filigranas para Napoleón o Ungaretti, papeles producidos para Picasso, De Chirico y Puccini, pero también para el mundo de las instituciones, la diplomacia, el arte y el diseño, solicitados desde todos los rincones del planeta.
Del trabajo sobre el archivo y las colecciones también ha resurgido la marca más antigua de las Antiguas Papeleras Magnani de Pescia: una cruz de Lorena acompañada por las letras EMP, es decir, “Enrico Magnani Pescia”. La marca nunca había sido registrada y así, de acuerdo con la familia Magnani, lo hicimos nosotros en nombre del Museo.
¿Han vuelto también a producir papel a mano?
Precisamente este recorrido llevó al nacimiento de una Empresa Social, constituida por las personas formadas por los maestros papeleros y los herederos Magnani, en calidad de presidente y vicepresidente, junto con Massimiliano Bini, Director del Museo.
Una auténtica empresa, que produce papel a mano con tiempos y técnicas ajenas a los ritmos industriales.
Cada hoja se crea, se encola y se termina individualmente, para un total de ocho pasos manuales. Un trabajo lento y preciso, que hoy encuentra su espacio comercial en el segmento del extra lujo, en sectores como la joyería, la hotelería, el mundo de las plumas estilográficas, la moda y la náutica. O bien en recreaciones históricas, como sucedió con las filigranas realizadas para dos episodios de la reciente serie de ficción de la RAI (programa de televisión italiana) dedicada a Giacomo Leopardi.
Una visita a nuestro Museo cambia la mirada y la conciencia: facilita comprender la importancia del trabajo y de la historia, dando sentido a un valor que narra siglos de esfuerzo.
¿Cómo funcionaba la papelera?
Antes de la celulosa, y aún antes del “maldito nylon”, como Angiolino lo llamaba con amargura, el papel nacía de la reutilización de prendas de algodón, lino o cáñamo. Frente a la papelera, una gran explanada recibía los carros cargados de fardos de trapos y dos veces al año llegaban incluso las velas de los barcos. Ningún material se desperdiciaba: un ejemplo auténtico de economía circular ante litteram, aquella que hoy tratamos tanto de recrear.
Los trapos se colocaban en el “marcitoio”, un ambiente húmedo y cerrado en el que literalmente se dejaban pudrir. La fermentación era un proceso casi alquímico, sin instrumentos de medición: el maestro papelero metía la mano en la masa para sentir su calor y entendía si era el momento adecuado para pasar a la fase siguiente.
Después, los trapos eran trabajados por las pilas desfibradoras, enormes martillos que golpeaban la masa hasta transformarla en una pasta fibrosa similar a la que hoy producen los pulper. Al lado de las pilas estaba el holandés, que refinaba la pasta así obtenida.

¿Por qué nacieron en Pescia?
El vínculo con el territorio es antiguo: en Pescia el papel siempre ha representado una de las almas más importantes de la zona. Los orígenes del moderno distrito papelero de Lucca comienzan precisamente aquí, a finales del siglo XV, gracias a la abundancia de agua, la piedra para construir y una cultura de recuperación ya profundamente arraigada en la vida campesina. A principios del siglo XX en Pescia había 28 papeleras, en Villa Basilica más de 40: una red capilar formada por pequeñas realidades artesanales.
Quien hoy adquiere un producto fabricado en el Distrito Papelero de Lucca muchas veces no sabe que está utilizando el fruto de una historia de casi seis siglos. Por eso hemos creado el proyecto “Impresa Amica”, para abrir los espacios del Museo a las empresas, incluso las locales, que quieran sumarse a nuestra misión cultural, histórica y educativa.
¿Cuáles son sus aspiraciones futuras?
Últimamente los museos de empresa se están transformando en verdaderos centros culturales. El Museo del Papel de Pescia se propone mirar aún más allá. Aquí, de hecho, no hay solo una empresa que contar, sino todo un territorio que valorar: un patrimonio difundido, compartido, vivo. Queremos ofrecer un lugar donde la cultura empresarial se entrelaza con la identidad colectiva, la memoria y el presente de las empresas papeleras que operan en la zona.
Para custodiar y desarrollar esta visión, es necesario un salto de calidad institucional: con este fin nacerá la Fundación Le Carte, que nos permitirá también completar la restauración de la papelera Le Carte y la finalización del Museo del Papel. La Fundación será un ente con gobernanza pública, capaz de dialogar eficazmente con las instituciones europeas, con los grandes actores del distrito papelero y con la red internacional de museos del papel.
